2.- MARTHA ROCHE

El vuelo fue bueno, la escala en Panamá fue corta, la comida en el avión Copa fue poca. .
En el Aeropuerto José Martí de la Habana me esperaba el taxista recomendado por Pam, amiga chilena de Copiapó, el Sr. Fidel Castro; cubano con el mismo nombre de su presidente, que tenía en alto un gran letrero que decía : JUANITA.
No lo vi más porque había subido sus precios considerablemente.
Ahí cambié los Euros necesarios para pagar el taxi en CUC. …
1 Euro = 1,313 CUC.

Me llevó Fidel a la Casa Divisa de Martha Roche. Mujer encantadora, amorosa, amable y generosa que vive con su hijo de 34 años. José trabaja en la Co. De Teléfonos de Cuba en La Habana y tiene un hijito de 3 años que vive con su madre.
Martha me esperaba con una habitación soñada para una ex mochilera : cama doble, otra pequeña con sábanas y frazadas. En enero es invierno en Cuba y hace un poco de frío en las noches. En algunos países del trópico , en hoteles para “viajeros” no hay más que una sábana, aunque haga frío. También este cuarto tiene un pequeño resfrigerador, que sería util en el momento que me entregaran el ESCOZUL, además aire acondicionado y ventilador. El baño con agua caliente , toallas, papel higiénico pero no jabón. Yo usé el papel higiénico y el jabón que llevé desde Chile. Sabía lo que a los cubanos les cuesta conseguirlos. Todo en casa de Martha brillaba por su limpieza y orden.
Martha Roche : Calle Consulado N* 16 – Apto 2 Fono: 861-6905
entre Cárcel y Genios Centro Habana CUBA.
E-mail : martharoche@yahoo.com

Una "Casa Divisa" es una casa a quién el gobierno ha autorizado para poder recibir turistas. Si esa casa ofrece también servicio de comidas, ese lugar se llama “Paladar”. Yo fui al “Paladar de Enrique” a tomar abundantes desayunos por 3CUC. Quedaba justo al frente de lo de Martha.
Martha me preguntó que era lo primero que tenía que hacer. Bueno le dije, tengo que ir a pagar una promesa en el Capitolio Nacional, en el Cementerio de La Habana, a la “Milagrosa”. Esta promesa la hizo Nati, mi ahijada que vino a Cuba por unos cursos en la Escuela de Medicina. Manuelito y yo estábamos con nuestros problemas de CA en Santiago de Chile. Ella le prometió a la “casi santa” que si sanábamos yo vendría a darle las gracias personalmente. Nunca pensé que iba a ser posible hacerlo.
Nos pusimos de acuerdo para ir juntas a visitar a “La Milagrosa”. Iríamos al día subsiguiente en un Makovi pequeño de 1948, de unos vecinos. Yo les pagaría 10 CUC por llevarnos. Los cubanos tienen poquísimas entradas y hacen lo que pueden para ganar algunos CUC con los turistas.

